DIFICULTADES EN LA ORACIÓN

      

 

A continuación os indico algunas dificultades que os pueden surgir cuando queréis orar. Y os repito que nunca os deben paralizar para ir viviendo esta "gran aventura". Por tanto cuando se te presente alguna de estas o incluso otras, no te desanimes y sigue acercán­dote al misterio de la ora­ción.

 

    l. Dificultad de concepto.

       A veces nos puede suceder que no estimamos la ora­ción , bien porque no sabemos bien de que se trata o bien porque no apreciamos su valor ya que no hemos tenido nunca expe­riencia de oración alguna. Esta dificultad se vence fácil­mente, aprovechando las ocasiones que se nos brindan para conocer este "mundillo" de la oración y sobretodo, abriéndo­nos al conocimiento de la misma a través de la práctica.

 

    2. Dificultad de tiempo.

       En nuestra sociedad actual, todo se mide por el tiempo, las horas nos comen el día, y es fácil que ocupemos tanto nuestra propia agenda de la vida que no dejemos ningún sitio a Dios en ella. Nos encanta llenarnos de tareas, algunas veces con buena voluntad, pero en otras ocasiones sólo sirven de escape de nuestros problemas o de nuestra propia realidad. Nos escapamos y nos justificamos, si nues­tro trabajo tiene un cariz apostólico. ¡No tengo tiempo!, seguro que os suena esta expresión. Esto suele suceder cuando la oración no es una necesidad integrada en nuestra vida y por supuesto en nuestra agenda.

 

    3. Dificultad de contexto.

       A veces no somos nosotros sino el ambiente lo que provoca que no tengamos la disposición necesaria para poner­nos a orar. Las distracciones, conversaciones excesivas, la televisión, el consumismo, mis cosas, mis problemas, son cosas que con facilidad nos dominan e invaden nuestra inti­midad, nuestra capacidad de ser uno mismo y dirigir su vida.

      En este bloque entrarían también todo lo que se refie­re a la posición o lugar para hacer oración, los medios, el contenido. Y recuerda que en esto de la oración se va apren­diendo poco a poco. Pide ayuda si necesitas orientación.

 

    4. Dificultad de mi propio yo.

       Tenemos el peligro de creer que hacemos oración y lo único que hacemos es mirarnos al ombligo. Se puede estable­cer el contacto con un falso Dios, que en definitiva no es más que hablarme a mi mismo.

 

    5. Dificultad de compromiso.

       Nos asusta mucho el compromiso que puede venir de esa oración, nos asustan las exigencias de Dios, que surgen cuando uno ama de veras. Por mucho que le llamemos Padre, no terminamos de confiar en El. Quizás esta es la dificultad más grande. Una vez superada esta, con humildad, honradez y esperanza, todas las demás dificultades irán desvaneciéndose poco a poco por su poco peso.

 

   6. Como consejo...

     -  Da un poquito de tu tiempo para orar. Y no te culpa­bilices porque sea poco o mucho.

     -  No te cargues de trabajo que te agobie cada día.

     -  Aprende a dar tu vida como obsequio de Dios.

     -  No tengas miedo a Dios.

     -  Aprende la técnica de saber escuchar. Ir poco a poco viendo lo que el Señor me pide, sugiere o espera de mí.

     -  No te desanimes si no sientes nada o si no avanzas en el camino de la oración. Piensa que incluso los grandes orantes de la historia como Santa Teresa o San Ignacio también tuvieron momentos de crisis y de estancamiento en su oración.

     -  Acércate a la oración con ánimo de irte a encontrar con Dios, y sin ponerte falsas metas.

     -  Pide ayuda a algún sacerdote que conozcas para que te oriente.