Ejercicio 1:

 

 

ORAR MI PROPIA VIDA.

 

         Me quiero situar ante el Padre, que ha estado en mi vida hoy. Me quiero situar ante Jesús que vive y crece en mí; que me acompaña en el camino; y que a menudo no siento. Pido que la luz del Espíritu Santo me ayude a acercarme a este misterio de manera sencilla, sin buscar grandes respuestas; deseando encontrarme con Él; y así encontrar cual es mi realidad.

 

2. Doy gracias.

          

    Durante un rato me paro a repasar aquellas cosas, situaciones y personas por las que tengo que dar gracias hoy. A veces es cuestión de darse cuenta de cosas cotidianas que nos suceden y no les damos mayor importancia, pero si que son importantes para nosotros.

 

3. Repaso brevemente que ha sucedido hoy en mi vida.

        

    No hay que ir a buscar si ha pasado algo excepcional o lo de siempre. Podemos fijarnos en uno o en varios aspectos de los siguientes, si nos ayudan:

-         Las personas con las que me he encontrado.

-         Los trabajos, el estudio, las labores de casa que he realizado.

-         Los acontecimientos que han sucedido en mi vida...

         Y en cada uno o en el que elijamos, nos podemos parar a ver cuales han sido nuestros sentimientos, reacciones, inclinaciones, como nos hemos relacionado con las personas, si hemos vivido algún momento con especial intensidad( a veces ayuda recordar con la imaginación algún momento que haya sido especialmente significativo).

 

 4. Ofrecer lo vivido.

        

    En este momento le ofrecemos lo que hemos vivido al Señor. Y le manifestamos algún deseo o alguna petición o algo que queramos agradecerle.

         Incluso si algo no ha salido como quisiéramos es el momento de pedir perdón y de disponer el corazón para que el Espíritu te ayude en la próxima ocasión.

 

 5. Seguimos caminando.

         

    Pedimos por el día de mañana, por las tareas que se nos han encomendado para mañana. Por las personas que sé que me voy a encontrar; por algún motivo especial.

         Nos ponemos en disposición de dejarnos sorprender por el día de mañana.

 

 6. Oración Final:

 

    Terminamos este rato con un Padre Nuestro, que decimos lentamente para captar la densidad de lo que decimos.