Ejercicio 6

 

I. CONTEMPLACIÓN DE LA VIDA OCULTA DE JESÚS

    1. Oración preparatoria.

          Canción " No os pido más que le miréis"(Antífonas nº 9)

 

    2. Historia.

             Lc 2, 39-52.

 

    3. Composición de lugar.

      Imaginamos la aldea de Nazaret una zona agrícola y artesana. Contemplar la sencillez y austeri­dad de vida de la casa de Nazaret. Desde ahí, la grandeza en la pequeñez. Imaginamos la casa, probablemente muy chiquita, con muy pocas cosas; estrictamente lo necesa­rio para poder cocinar y vivir. Y dentro de la casa el rinconcito donde José hace sus pequeños trabajos, en los que le ayudará Jesús cuando sea un poco mayor. Por último, el fogón donde María prepara la comida para los tres, y una silla en la que se sienta para remendar alguna prenda o coser.

 

4. Petición.

     Te pedimos, Jesús, que nos concedas la gracia de conocerte en tu vida oculta; en tantos años como pasaste llevando una forma de vida normal y cotidiana, e incluso monótona, para que aprendamos a saborear las cosas cotidia­nas y sencillas de la vida.

 

5. Puntos:

     - Contemplar a Jesús como un niño de su época. Pasando por el mismo desarrollo que yo, por la niñez, por la adoles­cencia, por la pubertad. Mirar a Jesús en su casa; como se presta para ayudar a María a traerla el agua para la comida, o como echa una mano a José con su labor de carpintería, como suda al trabajar o como sus manos se van llenando de pequeños callos por las herramientas de trabajo

 

    - Ver a María, como se desvive por su marido y su Hijo; con cuanto amor y cariño prepara la comida todos los días; como sigue tan confiada y respetuosa ante este hijo que se le ha dado. Oír como habla a Jesús, como le enseña a leer y a escribir...Traer a la memoria tantas personas que os han enseñado pequeñas o grandes cosas en la vida.

 

      - Contemplar a José, como trabaja para sacar adelante a su familia, como aprovecha cualquier encargo por pequeño que sea, como incluso en ocasiones tiene que desplazarse a otra aldea; y todo esto por amor. Preguntarnos si sabemos vivir el servicio con los que están cercanos a nosotros o sólo lo vivimos cuando salimos a alguna experiencia específica de servicio.

     

        - Ver a Jesús creciendo en libertad y sabiduría, como se queda en el templo. No desde el capricho, sino desde la misión de su Padre.

 

6. Revisamos la oración.

       Nos concedemos unos instantes para poder ver que tal hemos estado en ese rato de oración, cuáles han sido nuestras dificultades, cuáles nuestros sentimientos,…

 

 

II. CONTEMPLACIÓN DE LA APARICIÓN A MARIA MAGDALENA

1. Oración Preparatoria.

        Ponernos en presencia de Dios. Sabernos privile­giados por poder acceder a un encuentro con El, desde nues­tra limitación y desde nuestra poca fe.

      

                  Sentirnos bajo la gracia del Señor, y abrirnos a su presencia, a su silencio, a su palabra, a su vida. Todo esto haciéndolo desde nuestra vida. Sin dejar que sea solo un juego de voluntarismo y de imaginación.

 

     2. Historia:

        Pasaje de Mª Magdalena.

 

3. Petición:

    Señor, ábrenos a tu resurrección. Que seamos portadores de vida y de resurrección y así podamos salir al mundo a proclamar tu Gloria.

(La composición de lugar va inmersa en la propia ora­ción).

 

        4. Contemplación:

        "El sol acababa de salir. Sus tenues rayos comenzaban a resurgir detrás de uno de los pequeños montes de alrededor.

 

Allí, al borde del camino, se encuentra Mª Magdalena.

 

Su rostro refleja todavía lo vivido la noche que acababa de dar su adiós. Es un rostro de dolor. Dolor que se refle­ja en todos los rasgos de su bello y delicado rostro.

 

         Sus ojos llenos de lágrimas, apenas le permiten ver más allá de la propia humedad. Esta destrozada. El único que apostó por ella, que confió en ella, que le dio una oportu­nidad; el único que la había querido de veras, tal y como era; ya se había ido. Se sentía en parte defraudada. Él dijo que todo iba a ser diferente; que todo iba a cambiar; que cuando llegara el Reino, nada sería lo mismo. Ella había creído en él; pero todas sus ilusiones no eran reales.

 

Impulsada por el deseo de agarrarse al recuerdo, María camina pausada hacia el sepulcro en el que la noche anterior habían depositado a su Señor. Un deseo de ver por última vez al Señor, le mueve a luchar contra todos estos sentimientos de fracaso y de desesperanza.

 

         Llega al sepulcro. Pero, sorprendida observa que el cuerpo de Jesús ha desaparecido: " Lo que faltaba, ya ni siquiera podrá verlo por última vez." De nuevo, sujeta al nerviosismo de la situación, rompe a sollozar y se queda inmóvil. No sabe que hacer.

 

De pronto, una enorme luz exterior le hace levantar el rostro. Un hombre vestido de blanco, le pregunta que le sucede. Mª contesta que el cuerpo de su Señor ha desapareci­do. Y rompe a llorar. Mientras las lágrimas van llenando los ojos de María, le pregunta al hombre si ha visto a alguien con el cuerpo, o si ha sido él el que se lo ha llevado. El hombre le dice: María. Acto seguido ella reconoce este tono y este timbre de voz. La calidez de su nombre, pronunciada por los labios de ese hombre, han descubierto la identidad del misterioso personaje. Es su Señor. Acto segui­do todo se convierte en luz. Deja de llorar. Es verdad. Jesús ha resucitado. Ya no dudará jamás de su palabra. Se ha cumplido lo que él manifestó sobre su muerte. Su mensaje de alegría y esperanza se han hecho realidad para María. Todo es de otro color. Dentro del corazón de Mª comienza a notar un poco más de alegría. Ella siente que se le abre un hori­zonte nuevo lleno de fidelidad, mansedumbre, humildad, bondad, amor, paz, paciencia...María se ha liberado de su propia esclavitud. Mejor aún, se ha dado cuenta que por la muerte y por la resurrección de su Señor, ella ha recuperado su libertad, su vida,... María sabe que le queda un largo camino por recorrer. Ella está impaciente por comunicar a sus conocidos, familiares y amigos, que el Señor ha resuci­tado y que hay mucho que hacer. Muchas necesidades que cubrir, mucha pobreza que aplacar, mucho odio que transfor­mar, pero sobretodo que hay mucha esperanza con la que contagiar."

 

 

MARIA MAGDALENA SE SIENTE AMENAZADA DE RESURRECCIÓN.

 5. Revisamos la oración.

         Nos concedemos unos instantes para poder ver que tal hemos estado en ese rato de oración, cuáles han sido nuestras dificultades, cuáles nuestros sentimientos,…