Ejercicio 7

 

 

Meditación de la tempestad en el mar.

 1. Lectura: Mateo 14,22-23.

         “ La barca estaba ya muy lejos de la orilla, era sacudida por las olas, porque el viento era contrario. Al final de la noche, Jesús se acercó a ellos caminando sobre las aguas. Al verlo, los discípulos se asustaron y decían: “ Es un fantasma “.

       Y se pusieron a gritar de miedo. Pero Jesús les dijo enseguida: ¡Animo! Soy yo, no tengais miedo.

       Pedro le respondió: “ Señor, si eres tu, mándame ira hacia ti sobre las aguas”.

       Jesús le ordenó: “ Ven “.

       Pedró saltó de la barca y andando sobre el lago iba hacia Jesús. Pero al ver la violencia del viento se asustó y al empezar a hundirse gritó: “ Señor, sálvame”.

       Jesús le tendió la mano y lo agarró y le dijo: “Hombre de poca fe, ¿ por qué has dudado?.”

       Subieron a la barca y el viento se calmó…..”

 

2. Cuerpo de la meditación:

         Jesús nos invita a subirnos en su barca, en la Iglesia.  Pero nos advierte que los vientos no siempre son tranquilos y la barca se puede tambalear.

         Nuestra experiencia de Iglesia a veces es similar a una barca casi naufragada. En el pasaje, cuando aparece Jesús, en todo este barullo, lo primero que se suscita es miedo.

         ¿Tengo yo también miedo ante las dificultades de vivirme en la Iglesia, o en mi comunidad, etc…?.

         Pedro le pide una señal y comienza a andar sobre las aguas, pero ante un viento recio se hunde al faltarle fe. Nosotros a veces pedimos signos para probar a Dios, y necesitamos que se manifieste de una manera notoria ante las dificultades mayores, sino, nos hundimos. Le podemos pedir fe para nuestra vida cotidiana, y nuestras relaciones personales, sobretodo para los momentos de tempestad.

         Y por último, ante la pregunta de Jesús, ¿por qué has dudado?, nos podemos dejar interpelar y sin buscar grandes cosas, pedirle que no dudemos tanto de que la Iglesia o nuestra comunidad, o nuestro grupo están guiados por El y solo así tienen sentido.