FICHA VII

 

Sobre la meditación

Es una de las formas más corrientes de oración. No debemos confundirla con una reflexión.  En la meditación nos ponemos bajo la luz de Dios y desde la fe; en la simple reflexión nos miramos bajo nuestra propia luz y opinión.

Es importante caer en la cuenta de que la finalidad de la meditación es la profundización en nuestra vida del estilo de vida de Jesús, para llegar a pensar, sentir y vivir como Él, en expresión de San Pablo.

 1. Preparación:

 Primero nos pondremos en presencia de Dios e intenta­remos hacerle cercano, sabiendo que nos ve, nos oye, y nos mantiene en su presencia bajo su gracia. Sentirnos agradecidos por su bondad y reconocernos limitados. Pedirle la gracia de orar bien.

 

2. Cuerpo central de la oración:

 Nos centramos sobre el punto que nos interesa. Vol­viendo una y otra vez sobre él. Una vez que hemos hecho "nuestra" la materia, nos miramos para ver como nos situamos ante el asunto que meditamos.

 Desde aquí surgirán los sentimientos y de estos la necesidad de pedir con fe, confianza y humildad, y no sólo para nosotros. O bien la necesidad de ofrecer o dar gracias por algo.

 

3. Final de la oración:

 Dar gracias a Dios por los frutos de la oración. Reconocer los despistes y distracción durante la misma. No se trata de buscar frases ni pensamientos originales y llamativos, sino de dejar que nuestros sentimientos fluyan verdadera y libremente.