La Evangelización, un reto para el Hermano

 

“La Iglesia de puertas abiertas no solo para recibir sino fundamentalmente para salir y llenar de Evangelio la calle y la vida de los hombres de nuestro tiempo". El Papa Francisco

 Así me gustaría empezar indicando a todos que el propósito para este año debe y tiene que ser el de acudir a la realidades mas alejadas de nuestra sociedad. Pienso que cuando uno se sitúa en esta palabra “Evangelizar”, comienza a pensar en los lugares donde la ayuda de la Iglesia es más necesitada, aquellos rincones de nuestra sociedad donde nadie barre porque son difíciles y cuesta mucho por diversas razones.

 Pero nos olvidamos que geográficamente no están tan lejos de nosotros estos puntos de mayor necesidad puesto que el Papa nos insta a que empecemos por lo que nos toca más cerca. Y en nuestra Hermandad ya se están dando pasos para situarnos ante esta realidad social, sobre todo  desde la Bolsa de Caridad, que con su labor tan entregada y tan cercana a la Matriz Eclesial desempeñan un gran papel de ayuda mostrando y a la vez de búsqueda de Dios en el necesitado.

 Pero esta verdad no es solo  para un punto de nuestra acción como Hermandad, sino que debe ser de toda la Iglesia, puesto que ya el Señor nos lo dijo en el evangelio: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.  El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.  Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas;  tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.” (Mc 16,15-20)

 Si la Iglesia permanece encerrada en sí misma, envejece. Entre una Iglesia accidentada que sale a la calle y una Iglesia enferma de autoreferencialidad, no tengo ninguna duda: prefiero la primera. Así nos lo dice el Papa y así lo pienso yo como Director Espiritual de nuestra Hermandad de Vera-Cruz.

 La Iglesia, por venir de una época donde el modelo cultural la favorecía, se acostumbró a que sus instancias fueran ofrecidas y abiertas para el que viniera, para el que nos buscara. Eso funcionaba en una comunidad evangelizada. Pero en la actual situación, la Iglesia necesita transformar sus estructuras y modos pastorales orientándolos de modo que sean misioneros. No podemos permanecer en el estilo “clientelar” que, pasivamente, espera que venga el cliente, el feligrés, sino que tenemos que tener estructuras para ir hacia donde nos necesitan, hacia donde está la gente, hacia quienes deseándolo no van a acercarse

 Más claro, el agua. Y, sin duda, esto es lo que necesita hoy, entre otras cosas, la Iglesia: ir de verdad a la gente. ¡QUE BUENA OPORTUNIDAD TIENE NUESTRA HERMANDAD! Que tiene la suerte de poder hacer todo este cometido poniendo en juego la realidad misionera desde lo que mejor y más nos gusta.

 No es difícil, Hermano, solo hay que querer, y tu mejor que yo sabes que querer es poder, solo debemos intentarlo que con muy poco se hace mucho y lo que no se entiende como nuestras fuerzas se emplean, en diversas ocasiones, en destruir y no en lo propio del Cristiano: la Construcción, siempre que sea por y para el Reino que el mismo Maestro nos ha dejado dicho, su Reino  Eternal.

 De esta manera podremos cumplir con nuestro ser elemental de Cristiano que ya el mismo Jesús nos lo mostraba en la Sagrada Escritura: “he venido para evangelizar a los pobres” (Lc 4, 18). Esto significa: yo tengo la respuesta a vuestra pregunta fundamental (¿Cuál es el camino que lleva a la felicidad?); yo os muestro el camino de la vida, el camino que lleva a la felicidad; más aún, yo soy ese camino. La pobreza más profunda es la incapacidad de alegría que muchos en nuestra Hermandad tienen por diversos motivos y que muestran con agresividad y otros signos que sacan hacia el otro; el tedio de la vida considerada absurda y contradictoria. Esta pobreza se halla hoy muy extendida, con formas muy diversas, tanto en las sociedades materialmente ricas como en los países pobres. La incapacidad de alegría supone y produce la incapacidad de amar, produce la envidia, la avaricia.... en definitiva, todos los vicios que arruinan la vida de las personas y el mundo. Por eso, hace falta una nueva evangelización. Si se desconoce el arte de vivir, todo lo demás ya no funciona. Pero ese arte no es objeto de la ciencia; ni de las ideologías de nuestro tiempo; sólo lo puede comunicar quien tiene la vida, el que es el Evangelio en persona: para nosotros Jesús, Dios hecho hombre.

 Querido Hermano, si miras a tu alrededor debes ser no como los demás sino que ojalá nuestra identificación sea con la Persona que alimenta y fortalece todo lo que somos, Dios en la Persona de Jesús. Y desde ahí poder llevar a otros a que puedan encontrarse con lo que buscan y no encuentran fuera de su realidad. Sí, que es difícil, lo sabemos, si y solo si lo miramos desde nuestra perspectiva y con nuestros medios que a veces están sobrecargados y llenos de perspectivas rancias y obsoletas. Pero cuando lo dejamos a la voluntad del Altísimo y le damos todo lo que somos entonces si se convierte en un Reto cargado de buenas cosas y sobre todo que desde Dios todo se ve de una manera distinta. Y si me apuras hasta la muerte, “oh, muerte, ¿Dónde está tu Victoria?” (1Cor 15)